Pareja y felicidad (Parte 1)

Written by on 29/10/2019

El 30% de divorcios en España

ocurren tras el verano

La cuestión es que cuando pasamos más tiempo con nuestras parejas, entonces es cuando nos damos cuenta de cómo son, de lo que nos diferencia. Apelamos más a lo que nos separa que a lo que nos unió. El resultado es obvio: la separación.

Hace poco, estaba dando un curso a un equipo de psicólogos y trabajadores sociales. Hice un ejercicio. Elegí una pareja de ellos y les pedí que imaginaran que son una pareja. Entonces, le pedí a él que pensara en todo lo que le fastidia realmente de su mujer. «¿Pero esto no va a salir de aquí?» fue su mayor preocupación. Previamente me había afirmado que estaba felizmente casado, así que no debía ser demasiado…hasta que hubo calentado motores y entonces era una máquina de regañar. Salían toda clase de reproches, situaciones a toda vista inaceptables…

Le pregunté cómo se sentía y me dijo que muy bien, desahogado…aunque no entiendo por qué soy feliz con ellaacto seguido, saqué a otra pareja y les pedí que hicieran el mismo ejercicio, pero esta vez diciendo todo lo bueno de su pareja. Aún no siendo pareja, casi se besan. Fue precioso.

¿Qué diferencia hay entre ambas? Simplemente unos han elegido fijarse en lo bueno y los otros en lo malo. ¿Es tan fácil? No, es más fácil aún…si se desea.

Cuando recordamos algo, podemos hacerlo tanto de forma asociada, es decir, nosotros estamos dentro de la escena y somos parte de ella o de forma disociada, es decir, como espectadores alejados de la escena.

Esto que acabamos de mencionar es una herramienta poderosísima: muchos tendemos a recordar lo malo y lo bueno de forma asociada (dentro de la escena). Cuando pasamos por un mal momento, recordamos todo lo malo de forma asociada (lo pasamos peor) pero lo bueno disociada (lo vemos como si fuera otro el que lo disfrutara y por lo tanto carece de las mismas emociones). Es la mezcla perfecta para un divorcio.

¿Podemos elegir entre amar o no?

Definitivamente sí, podemos elegir y a partir de ahí ver qué necesitamos para reforzar la relación. Esto también se aplica a lo contrario: si hemos sufrido una ruptura dolorosa, podemos elegir no amar y de esa manera pasar página de forma más suave.

Esta semana vamos a hacer un primer ejercicio:

  • Si tu elección es amar (no he dicho intentar amar o darle otra oportunidad, esto no es un juego de niños), practica todos los días el ejercicio de recordar escenas bonitas como tú parte de la misma, disfrutándola y viéndote como receptora de todo lo bueno. Es una reflexión diaria de cinco minutos. Después, recuerda escenas negativas en las que tú estás en el cine como espectadora
  • Si tu decisión es pasar página (muchas veces me vienen diciendo que no pueden pasar página cuando realmente quieren decir que no quieren pasar página), no vas a hacer lo contrario, sino que empezarás por verlo todo como si fueras un espectador que ve una película en el cine donde aparece otro espectador que mira en la tele una película sobre lo que viviste. De esta manera jugamos con la disociación pero además con dos submodalidades: por un lado alejamos la imagen y por otro lado la hacemos más pequeña. Así conseguiremos reducir las emociones y poder pasar página con más facilidad.


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